EL SECRETO
A mi papá
Esa fue la promesa que mi papá me pidió que nunca revelara hace ya mas de 40 años, fue en una carretera inhóspita de oriente donde paramos a descansar y reponerle gasolina al carro que sucedieron los hechos que nos llevaron a hacer ese juramento y aunque no debería revelarlo ya el tiempo hizo que perdiera el sentido de seguir con la misma y se convirtiera mas bien en un aprendizaje que marcaria el resto de nuestras vidas, además se que este donde este mi papá aprobaría que recordáramos ese hecho como algo mas bien anecdótico y gracioso que nos ocurrió cuando menos nos lo esperábamos.
Todo comenzó cuando mi papá quien recién se había encargado del departamento de extensión cultural de la universidad de oriente, programo una gira con todos los grupos culturales que hacían vida en esa casa de estudios y me pidió que como yo estaba de vacaciones lo acompañara para este viaje que seria al estado bolívar específicamente a Ciudad Bolívar, con ese fin mi papá hizo revisar el carro, un viejo impala de los años 60 que aunque tenia un buen lejos ya llevaba su procesión por dentro, bien temprano salimos desde la ciudad de Cumana bordeando la costa hacia la cercana población de Puerto la Cruz, yo me sentía feliz y contento porque aunque en esa época todavía trataba a mi papá de usted, realmente disfrutaba de su compañía tan agradable y amena de sus cuentos y anécdotas, además de los magníficos y relajantes paisajes de esa costa tan bonita de oriente, ya saliendo de los limites del estado sucre se escucho una violenta explosión y el carro por momentos perdió la estabilidad solo la gran pericia al volante que mi papá siempre demostró evito que tuviéramos un accidente de grandes proporciones, en ese momento y en vista que veníamos en caravana con un autobús de la universidad y un par de carros mas, mi papá les pidió que siguieran, que ya los alcanzaríamos mas adelante, después de cambiar el neumático y proseguir la marcha, solo que el destino tenia otros planes entre manos, resulto que al emprender el viaje y una vez que pasamos la ciudad de Puerto la Cruz exploto otro neumático, y ya sin caucho de repuesto la cosa se complico, afortunadamente a uno nunca le falta dios y en ese momento atino a pasar por la vía otro carro de un profesor que con el mismo destino reconoció a mi papá y paro prestándonos su caucho de repuesto permitiendo así que continuáramos con el viaje, ya a esta altura del viaje estábamos atrasadísimos con relación al resto de los viajante y por demás estresados, al punto que mi papá casi se regresa de no ser por que el era el responsable y encargado de pagar por toda la comitiva de estudiantes los gastos propios del viaje, luego de reponer los cauchos perdidos emprendimos el viaje como les digo ya con mucho retraso y aunque el gasto fue grande las finanzas según mi papá todavía estaban entre lo presupuestado, esto a mi me tranquilizo y permitió que siguiera disfrutando de los paisajes de llanos de la carretera de Anzoátegui, por esa época no existía la autopista solo una vía de dos canales ampliamente conocida por lo peligroso y engañosa de sus rectas, pero yo tenia plena confianza en la conducción de mi papá, así rodando y rodando llegamos a una bomba en la mitad de la nada donde paramos a comer y descansar un rato, recuerdo que mi papá aprovecho de lavarse y cambiarse la ropa, que le había quedado toda sucia de tanta mano que le metió al carro, ya cuando nos disponíamos a montarnos en el, sucedió lo que motivo a mi papá a pedirme que nunca revelara, justo cuando llegábamos al carro salieron tres tipos de no se donde y que con muy mal aspectos protagonizaban una algarabía, recuerdo que los tipos me asustaron y le pedí a mi papá que no se parara a ver lo que hacían pero el no me atendió y entro al juego de los tipos que con tres tapitas manipulaban una pelotica yo le insistí a mi papá que nos fuéramos, pero el nada, incluso me decía que era demasiado fácil ganar y así lo demostraban los tipos al dejar ganar a uno de ellos grandes cantidades de dinero, mi papá empezó apostando poco dinero, del que llevaba para los gastos de la comitiva y poco a poco los tipos lo fueron dejando ganar y ganar pequeñas cantidades hasta que empezaron a subir las apuestas y mi papá cayo en la trampa, cuando lo que apostaba se salía de sus posibilidades y en vista de lo cegado que estaba para tratar de recuperar algo de lo perdido, los nervios me atacaron y me retire del lugar, al ratico escuche un gran escándalo en la que la voz cantante era la de mi papá, al reunirme con el me di cuenta que había perdido todo, nos dejaron sin nada, ya como ultimo recurso mi papá se aferro a uno de los tipos pidiendo que llamaran a la policía, pero en ese lugar era como arar en un desierto, el tipo para tratar que mi papá lo soltara le ofreció devolver parte del dinero lo que mi papá acepto no sin seguir pidiendo el resto del dinero una vez que mi papa tomo el dinero y soltó al tipo, los tres desaparecieron en el monte para nunca mas aparecer, al contar el dinero nos toco la triste realidad de que no seria suficiente para cubrir todos los gastos que afrontaríamos en los días siguientes, ya en el carro y llorando le recrimine a mi papá su proceder y que por su culpa nos encontrábamos en esa situación, recuerdo que el acepto su culpa y al lamentar lo pasado me pidió perdón por lo sucedido, ya emprendida la marcha me pidió que nunca dijera nada de este echo, que permaneciera en secreto entre los dos y así sucedió nunca mas mencionamos este mal momento que pasamos en esa carretera de oriente, quedo como un secreto olvidado en el tiempo, pero dejo una onda enseñanza en los dos, los juegos de azar nunca mas volverían a tocar nuestras vidas, a menos que fuera uno que otro raspadito o cuadrito de caballos jugados de la forma mas sana posible, el viaje continuo ya sin mas contratiempos y entrada la noche llegamos por fin a Ciudad Bolívar donde nos esperaban ya instalados en el hotel el resto de la comitiva que por un fin de semana nos acompañaría en el encuentro de grupos folclóricos preparados para tal fin, y aunque nunca supe como mi papá resolvió lo del faltante de dinero, lo cierto es que la gira tuvo un gran éxito y de la misma me quedaron grabados en la mente y el corazón las canciones, bailes y presentaciones de dichos grupos, así como esa gran amistad y camaradería que siempre disfrute tanto al lado de mi papá.
OSMAN ARANGUIBEL
Esa fue la promesa que mi papá me pidió que nunca revelara hace ya mas de 40 años, fue en una carretera inhóspita de oriente donde paramos a descansar y reponerle gasolina al carro que sucedieron los hechos que nos llevaron a hacer ese juramento y aunque no debería revelarlo ya el tiempo hizo que perdiera el sentido de seguir con la misma y se convirtiera mas bien en un aprendizaje que marcaria el resto de nuestras vidas, además se que este donde este mi papá aprobaría que recordáramos ese hecho como algo mas bien anecdótico y gracioso que nos ocurrió cuando menos nos lo esperábamos.
Todo comenzó cuando mi papá quien recién se había encargado del departamento de extensión cultural de la universidad de oriente, programo una gira con todos los grupos culturales que hacían vida en esa casa de estudios y me pidió que como yo estaba de vacaciones lo acompañara para este viaje que seria al estado bolívar específicamente a Ciudad Bolívar, con ese fin mi papá hizo revisar el carro, un viejo impala de los años 60 que aunque tenia un buen lejos ya llevaba su procesión por dentro, bien temprano salimos desde la ciudad de Cumana bordeando la costa hacia la cercana población de Puerto la Cruz, yo me sentía feliz y contento porque aunque en esa época todavía trataba a mi papá de usted, realmente disfrutaba de su compañía tan agradable y amena de sus cuentos y anécdotas, además de los magníficos y relajantes paisajes de esa costa tan bonita de oriente, ya saliendo de los limites del estado sucre se escucho una violenta explosión y el carro por momentos perdió la estabilidad solo la gran pericia al volante que mi papá siempre demostró evito que tuviéramos un accidente de grandes proporciones, en ese momento y en vista que veníamos en caravana con un autobús de la universidad y un par de carros mas, mi papá les pidió que siguieran, que ya los alcanzaríamos mas adelante, después de cambiar el neumático y proseguir la marcha, solo que el destino tenia otros planes entre manos, resulto que al emprender el viaje y una vez que pasamos la ciudad de Puerto la Cruz exploto otro neumático, y ya sin caucho de repuesto la cosa se complico, afortunadamente a uno nunca le falta dios y en ese momento atino a pasar por la vía otro carro de un profesor que con el mismo destino reconoció a mi papá y paro prestándonos su caucho de repuesto permitiendo así que continuáramos con el viaje, ya a esta altura del viaje estábamos atrasadísimos con relación al resto de los viajante y por demás estresados, al punto que mi papá casi se regresa de no ser por que el era el responsable y encargado de pagar por toda la comitiva de estudiantes los gastos propios del viaje, luego de reponer los cauchos perdidos emprendimos el viaje como les digo ya con mucho retraso y aunque el gasto fue grande las finanzas según mi papá todavía estaban entre lo presupuestado, esto a mi me tranquilizo y permitió que siguiera disfrutando de los paisajes de llanos de la carretera de Anzoátegui, por esa época no existía la autopista solo una vía de dos canales ampliamente conocida por lo peligroso y engañosa de sus rectas, pero yo tenia plena confianza en la conducción de mi papá, así rodando y rodando llegamos a una bomba en la mitad de la nada donde paramos a comer y descansar un rato, recuerdo que mi papá aprovecho de lavarse y cambiarse la ropa, que le había quedado toda sucia de tanta mano que le metió al carro, ya cuando nos disponíamos a montarnos en el, sucedió lo que motivo a mi papá a pedirme que nunca revelara, justo cuando llegábamos al carro salieron tres tipos de no se donde y que con muy mal aspectos protagonizaban una algarabía, recuerdo que los tipos me asustaron y le pedí a mi papá que no se parara a ver lo que hacían pero el no me atendió y entro al juego de los tipos que con tres tapitas manipulaban una pelotica yo le insistí a mi papá que nos fuéramos, pero el nada, incluso me decía que era demasiado fácil ganar y así lo demostraban los tipos al dejar ganar a uno de ellos grandes cantidades de dinero, mi papá empezó apostando poco dinero, del que llevaba para los gastos de la comitiva y poco a poco los tipos lo fueron dejando ganar y ganar pequeñas cantidades hasta que empezaron a subir las apuestas y mi papá cayo en la trampa, cuando lo que apostaba se salía de sus posibilidades y en vista de lo cegado que estaba para tratar de recuperar algo de lo perdido, los nervios me atacaron y me retire del lugar, al ratico escuche un gran escándalo en la que la voz cantante era la de mi papá, al reunirme con el me di cuenta que había perdido todo, nos dejaron sin nada, ya como ultimo recurso mi papá se aferro a uno de los tipos pidiendo que llamaran a la policía, pero en ese lugar era como arar en un desierto, el tipo para tratar que mi papá lo soltara le ofreció devolver parte del dinero lo que mi papá acepto no sin seguir pidiendo el resto del dinero una vez que mi papa tomo el dinero y soltó al tipo, los tres desaparecieron en el monte para nunca mas aparecer, al contar el dinero nos toco la triste realidad de que no seria suficiente para cubrir todos los gastos que afrontaríamos en los días siguientes, ya en el carro y llorando le recrimine a mi papá su proceder y que por su culpa nos encontrábamos en esa situación, recuerdo que el acepto su culpa y al lamentar lo pasado me pidió perdón por lo sucedido, ya emprendida la marcha me pidió que nunca dijera nada de este echo, que permaneciera en secreto entre los dos y así sucedió nunca mas mencionamos este mal momento que pasamos en esa carretera de oriente, quedo como un secreto olvidado en el tiempo, pero dejo una onda enseñanza en los dos, los juegos de azar nunca mas volverían a tocar nuestras vidas, a menos que fuera uno que otro raspadito o cuadrito de caballos jugados de la forma mas sana posible, el viaje continuo ya sin mas contratiempos y entrada la noche llegamos por fin a Ciudad Bolívar donde nos esperaban ya instalados en el hotel el resto de la comitiva que por un fin de semana nos acompañaría en el encuentro de grupos folclóricos preparados para tal fin, y aunque nunca supe como mi papá resolvió lo del faltante de dinero, lo cierto es que la gira tuvo un gran éxito y de la misma me quedaron grabados en la mente y el corazón las canciones, bailes y presentaciones de dichos grupos, así como esa gran amistad y camaradería que siempre disfrute tanto al lado de mi papá.
OSMAN ARANGUIBEL


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