EL PELLEJITO
Esa mañana amaneció con un sol radiante. Era el día esperado durante todo un año de clases. Era.... el primer día de vacaciones. Yo acababa de salir del sexto grado de primaria en la ciudad de Cumaná. Todos nos despertamos muy temprano ya que mi papá nos había prometido para este día tan especial, un paseo para visitar a los tíos maternos que vivían en la ciudad de Carúpano.
Ya desde la madrugada había sido un día muy emocionante porque cerca de las cinco de la madrugada nos levantamos para tratar de ver un cometa llamado Cojutec y junto a mi papá nos montamos en la platabanda de la casa donde con asombro vimos como el cometa ocupaba la mitad del firmamento. Esa madrugada, el ver esa grandiosidad de la naturaleza fue una de las cosas que más me impactarían en mi vida, aparte de la que vería muchos años después con mi hermano Leo desde la península de Paraguaná en el estado Falcón donde un eclipse total de sol nos dejaría completamente fascinados.
Como les decía al principio, todo era algarabía esa mañana y una vez que recogimos cada uno sus chécheres, salimos de viaje.
Todo hacia parecer que este viaje seria muy placentero, en el carro íbamos cantando y parándo en los cuchitriles de la vía a comer empanaditas aquí, mas allá juguitos y sobre todo disfrutando de esos lindos paisajes de la carretera del Golfo de Cariaco. Yo me sentía súper feliz porque además ya me permitían ir en el asiento delantero y en el lado de la ventana por primera vez, o sea, ya era casi un adulto.
Recuerdo que llegando a Cariaco, mi papá nos preguntó si nos habíamos bañado y cambiado la ropa interior y todos entre los cantos y gritos contestamos que sí, ja,ja,ja, que locura y yo pensé ¿qué pregunta tan rara? pero que más daba ja,ja,ja, y así, rodando y rodando, llegamos por fin a casa de mi tío el médico que no se encontraba y mi papá, dejando a mis hermanos pequeños, convidó a mi hermano Gualberto para que lo acompañase a buscar a mi tío y de una a conocer la clínica; y fui yo, de salido, y me antoje de ir con ellos y aunque mi papa se negó en un principio, mi mama le pidió que si, que me llevara porsia, ja,ja,ja y yo, de lo más ingenuo, asomado y reguebon, me subí en el carro raudo y veloz. Llegando al lugar mi papa me pidió que me quedara en el carro para que lo cuidara y tal y qué se yo y bueno como la fiebre era grande con el carro y la radio y tal, acepté. Ellos entraron y al cabo de unos minutos veo que mi hermano sale como peñonazo de loco de esa clínica y parando momentáneamente frente al carro, me vió a los ojos con los suyos vidriosos de terror y como dudando, con la misma se zumbó por un acantilado que daba hacia la playa. Yo no salía de mi asombro y mientras trataba de adivinar que se traería mi hermano entre manos, salió mi papá de la clínica y preguntándome por Gualberto, salió en su busca, se ve que no lo encontró y lo mejor que se le ocurrió fue pedirme que entrara con él para que mi hermano viera que eso no dolía. Yo, de lo más pendejo, no le pregunté que sería eso que no dolía, solo me imaginé que sería una vacuna o algún piquetico. Qué se yo, a esa edad ni pendiente de cosas más profundas. La cosa es, que de repente llegamos a una habitación y al entrar estaban cuatro coños de madre que se abalanzaron sobre mí y me acostaron en una camilla. También estaba mi tío, preparándose para una intervención quirúrgica y a que no adivinan ¿quién fue el güebon que pagó los platos rotos? pues, Esteban de Jesús, ja,ja,ja, y así con la misma sin darme tiempo a protestar me bajaron el pantalón y me pusieron la anestesia en todo lo largo del chaparrito y era tal la fuerza que me aplicaron los cuatro carajos que de vaina podía respirar. Mi tío me dijo que tranquilo, que eso no dolía, y que en cinco minutos salían de mi pellejito y así, me aplicaron el procedimiento llamado medicamente circuncisión. De nada valieron mis gritos y súplicas ya que el del problema era mi hermano que desde siempre tenían que llevarlo de emergencia a un médico porque se tapaba completamente y no podía orinar. Cuando por fin los tipos me aflojaron, ya era tarde, a mi chaparrito le habían quitado todo el pellejito y en su lugar solo quedaban unas heridas y unos puntos que aunque el tío, a quien nunca más ví despues de ese episodio, me aseguraría que eso sanaría en unos días. Cuando por fin pude explicarle a mi tío que era mi hermano el del peo y no yo, los cuatro carajos salieron a buscarlo junto a él y mi papa. Mientras, yo auxiliado por una enfermera que gentilmente me trajo un juguito de naranja con mucha azúcar para que recobrara las fuerzas ya que no me podía mantener en pie por la perdida de sangre, bueno, eso según mi tío, la cosa es que cuando ya estaba cogiendo mínimo, entraron al pabellón mi papá y mi tío y, por supuesto, sin mi hermano, el carajo grita mientras la enfermera me ponía las vendas que se me había formado un coagulo en pleno chaparrito y dale que tenemos que cortar otra vez y drenar y dale con los cuatro tipos otra vez y yo que casi no podía mantenerme despierto ni opuse resistencia, ya pa'qué. Cuando recobré el conocimiento uno de los tipos me llevaba cargado pa'l carro y la enfermera atendiéndome el chaparrito para que no se me cayeran las vendas y tratando de que tomara el bendito jugo de naranja con mucha azúcar. Esa noche y por recomendaciones de mi tío nos quedamos en su casa, por si se presentaba algún problemilla con mi chaparrito, sobretodo cuando empezara a dejar de surtir efecto la anestesia y así fue, me daban unos puyazos infernales y yo sin poder tocar nada. Después de esto, regresaríamos a casa y mi hermano apareció ya a último momento y aunque lo buscaron por todo ese pueblo nadie dió con él sino cuando ya nos regresábamos, como les dije, a casita´
Esos días siguientes fueron un verdadero tormento porque aunque esa operación es bien sencilla pues casi siempre la realizan cuando los niños son todavía unos bebes y ni pendientes, es como cuando se les cae el maruto, que ni se dan cuenta, pero un tarajallo ya de 14 años que está en pleno desarrollo y en descubrimiento de sus funciones sexuales es como un baldeazo de agua fría, en fin poco a poco me fui recuperando y a lo que más le temía era algún sueño erótico porque los resultados eran un desastre casi siempre me despertaba en un charco de sangre al desgarrase los puntos y entre gritos ahogados pa que los demás no se esteraran de lo que me pasaba, esas vacaciones las perdí completamente, solo fue acostado y viendo televisión ya al final de las misma me atreví y junto a unos panas nos fuimos a la playa donde casi me fue imposible bañarme por lo sensible que me quedo la zona y de mi hermano Gualberto les cuento que nunca se realizo la bendita operación y a fuerza de maña y salivita, bueno me imagino, saldría bien librado de ese procedimiento tan cruel, luego mi hermano Leonardo que a lo sumo tendría unos 8 años cuando se dieron estos hechos me comentaria que el se quedo llorando por la negativa de mi papá para que nos acompañara, pero cuando vio como regrese yo con un pantalón de pijama blanco gigantesco y caminando como si me hubieran rascabucheado el horto pensó, verga menos mal que no fui!!! Jajaja esas fueron las vacaciones de ese año cuando tenia 14 y perdí mi pellejito, ¡que de bolas mano.
OSMAN ARANGUIBEL.
Ya desde la madrugada había sido un día muy emocionante porque cerca de las cinco de la madrugada nos levantamos para tratar de ver un cometa llamado Cojutec y junto a mi papá nos montamos en la platabanda de la casa donde con asombro vimos como el cometa ocupaba la mitad del firmamento. Esa madrugada, el ver esa grandiosidad de la naturaleza fue una de las cosas que más me impactarían en mi vida, aparte de la que vería muchos años después con mi hermano Leo desde la península de Paraguaná en el estado Falcón donde un eclipse total de sol nos dejaría completamente fascinados.
Como les decía al principio, todo era algarabía esa mañana y una vez que recogimos cada uno sus chécheres, salimos de viaje.
Todo hacia parecer que este viaje seria muy placentero, en el carro íbamos cantando y parándo en los cuchitriles de la vía a comer empanaditas aquí, mas allá juguitos y sobre todo disfrutando de esos lindos paisajes de la carretera del Golfo de Cariaco. Yo me sentía súper feliz porque además ya me permitían ir en el asiento delantero y en el lado de la ventana por primera vez, o sea, ya era casi un adulto.
Recuerdo que llegando a Cariaco, mi papá nos preguntó si nos habíamos bañado y cambiado la ropa interior y todos entre los cantos y gritos contestamos que sí, ja,ja,ja, que locura y yo pensé ¿qué pregunta tan rara? pero que más daba ja,ja,ja, y así, rodando y rodando, llegamos por fin a casa de mi tío el médico que no se encontraba y mi papá, dejando a mis hermanos pequeños, convidó a mi hermano Gualberto para que lo acompañase a buscar a mi tío y de una a conocer la clínica; y fui yo, de salido, y me antoje de ir con ellos y aunque mi papa se negó en un principio, mi mama le pidió que si, que me llevara porsia, ja,ja,ja y yo, de lo más ingenuo, asomado y reguebon, me subí en el carro raudo y veloz. Llegando al lugar mi papa me pidió que me quedara en el carro para que lo cuidara y tal y qué se yo y bueno como la fiebre era grande con el carro y la radio y tal, acepté. Ellos entraron y al cabo de unos minutos veo que mi hermano sale como peñonazo de loco de esa clínica y parando momentáneamente frente al carro, me vió a los ojos con los suyos vidriosos de terror y como dudando, con la misma se zumbó por un acantilado que daba hacia la playa. Yo no salía de mi asombro y mientras trataba de adivinar que se traería mi hermano entre manos, salió mi papá de la clínica y preguntándome por Gualberto, salió en su busca, se ve que no lo encontró y lo mejor que se le ocurrió fue pedirme que entrara con él para que mi hermano viera que eso no dolía. Yo, de lo más pendejo, no le pregunté que sería eso que no dolía, solo me imaginé que sería una vacuna o algún piquetico. Qué se yo, a esa edad ni pendiente de cosas más profundas. La cosa es, que de repente llegamos a una habitación y al entrar estaban cuatro coños de madre que se abalanzaron sobre mí y me acostaron en una camilla. También estaba mi tío, preparándose para una intervención quirúrgica y a que no adivinan ¿quién fue el güebon que pagó los platos rotos? pues, Esteban de Jesús, ja,ja,ja, y así con la misma sin darme tiempo a protestar me bajaron el pantalón y me pusieron la anestesia en todo lo largo del chaparrito y era tal la fuerza que me aplicaron los cuatro carajos que de vaina podía respirar. Mi tío me dijo que tranquilo, que eso no dolía, y que en cinco minutos salían de mi pellejito y así, me aplicaron el procedimiento llamado medicamente circuncisión. De nada valieron mis gritos y súplicas ya que el del problema era mi hermano que desde siempre tenían que llevarlo de emergencia a un médico porque se tapaba completamente y no podía orinar. Cuando por fin los tipos me aflojaron, ya era tarde, a mi chaparrito le habían quitado todo el pellejito y en su lugar solo quedaban unas heridas y unos puntos que aunque el tío, a quien nunca más ví despues de ese episodio, me aseguraría que eso sanaría en unos días. Cuando por fin pude explicarle a mi tío que era mi hermano el del peo y no yo, los cuatro carajos salieron a buscarlo junto a él y mi papa. Mientras, yo auxiliado por una enfermera que gentilmente me trajo un juguito de naranja con mucha azúcar para que recobrara las fuerzas ya que no me podía mantener en pie por la perdida de sangre, bueno, eso según mi tío, la cosa es que cuando ya estaba cogiendo mínimo, entraron al pabellón mi papá y mi tío y, por supuesto, sin mi hermano, el carajo grita mientras la enfermera me ponía las vendas que se me había formado un coagulo en pleno chaparrito y dale que tenemos que cortar otra vez y drenar y dale con los cuatro tipos otra vez y yo que casi no podía mantenerme despierto ni opuse resistencia, ya pa'qué. Cuando recobré el conocimiento uno de los tipos me llevaba cargado pa'l carro y la enfermera atendiéndome el chaparrito para que no se me cayeran las vendas y tratando de que tomara el bendito jugo de naranja con mucha azúcar. Esa noche y por recomendaciones de mi tío nos quedamos en su casa, por si se presentaba algún problemilla con mi chaparrito, sobretodo cuando empezara a dejar de surtir efecto la anestesia y así fue, me daban unos puyazos infernales y yo sin poder tocar nada. Después de esto, regresaríamos a casa y mi hermano apareció ya a último momento y aunque lo buscaron por todo ese pueblo nadie dió con él sino cuando ya nos regresábamos, como les dije, a casita´
Esos días siguientes fueron un verdadero tormento porque aunque esa operación es bien sencilla pues casi siempre la realizan cuando los niños son todavía unos bebes y ni pendientes, es como cuando se les cae el maruto, que ni se dan cuenta, pero un tarajallo ya de 14 años que está en pleno desarrollo y en descubrimiento de sus funciones sexuales es como un baldeazo de agua fría, en fin poco a poco me fui recuperando y a lo que más le temía era algún sueño erótico porque los resultados eran un desastre casi siempre me despertaba en un charco de sangre al desgarrase los puntos y entre gritos ahogados pa que los demás no se esteraran de lo que me pasaba, esas vacaciones las perdí completamente, solo fue acostado y viendo televisión ya al final de las misma me atreví y junto a unos panas nos fuimos a la playa donde casi me fue imposible bañarme por lo sensible que me quedo la zona y de mi hermano Gualberto les cuento que nunca se realizo la bendita operación y a fuerza de maña y salivita, bueno me imagino, saldría bien librado de ese procedimiento tan cruel, luego mi hermano Leonardo que a lo sumo tendría unos 8 años cuando se dieron estos hechos me comentaria que el se quedo llorando por la negativa de mi papá para que nos acompañara, pero cuando vio como regrese yo con un pantalón de pijama blanco gigantesco y caminando como si me hubieran rascabucheado el horto pensó, verga menos mal que no fui!!! Jajaja esas fueron las vacaciones de ese año cuando tenia 14 y perdí mi pellejito, ¡que de bolas mano.
OSMAN ARANGUIBEL.


0 Comments:
Post a Comment
<< Home