EL HELICOPTERO DE ERNESTO
El helicóptero por fin prendió luego de varios intentos y con gran estruendo levantando un polvero, pero se mantuvo en tierra por un rato mientras Ernesto montado en su aparato verificaba con gran esmero todos los controles del mismo, ya con antelación le había advertido a su hermano, compañero de correrías y trabajo que se retirara a una distancia prudente no fuera ser que el aparato botara un pedazo del mismo y ocasionara una catástrofe, terminado el proceso de revisión Ernesto comenzó a elevar poco a poco el helicóptero y es aquí cuando el aparato comienza a vibrar, primero muy poco pero y aunque se mantenía a muy baja altura el aparato empezó a temblar ya con mas fuerza casi que sin control y de repente dio un viraje brusco en la dirección donde muy cautelosamente el hermano de Ernesto se había parapeteado para protegerse y saz la tragedia.
Unos 20 años atrás un día sábado en la mañana me pare tempranito y emprendí el regreso a casa luego de una semana de arduas gestiones de cobranzas para la empresa en que trabajaba en la zona de occidente, recorrí la Lara Zulia con un clima precioso, el sol resplandecía de frescura y la brisa era refrescante cosa rara en esa carretera pero es que en la noche cayo una llovizna que le imprimió a la naturaleza ese clima tan agradable, todo anunciaba un viaje tranquilo y rápido a casa, a golpe de diez de la mañana entre a Barquisimeto y aunque no acostumbraba a parar en la ciudad, ese día decidí hacerlo para recargar gasolina y comerme una cachapita con queso y así mitigar los calambres del estomago que me anunciaban la hora del desayuno, mientras me colocaban la gasolina y desde el local donde me encontraba comiendo vi como el carro se movía al ser chocado por una camioneta con dos motos de las que se usan para motocrós y con dos jóvenes que al darse cuenta del choque salieron pirados dejando el polvero yo desde el punto en el que me encontraba no veía el daño del carro y no fue sino hasta que llegue a su lado que pude ver el golpe, afortunadamente solo fue la puerta del conductor enseguida monte en el carro y emprendí la persecución de los tipos ellos se conocían la zona pero el peso de las motos les impedía hacer maniobras bruscas sin la posibilidad de soltar las mismas ya que me imagino son carísimas, ellos trataron de buscar callejones solitarios y callejuelas aledañas a las vías principales y yo duro con ese carro pegado casi a ellos, pero a la final entraron al trafico donde yo luego de montarme en la acera logre bloquearlos en el semáforo y bajándome me acerque a la ventana del conductor donde logre quitar la llave del encendido de la camioneta acto seguido les pedí la cedula a los dos y para sorpresa mía los tipos me la dieron, ya con las mismas en el bolsillo empezamos a ver como resolvíamos el daño de mi carro, el conductor me dijo que tranquilo que el era el dueño de no se que negocio y que el me mandaría a reparar el carro la semana siguiente a lo que me negué ya que no tenia tiempo para dejarlo ni podía ya que el carro era indispensable en mi trabajo, tendría que ser ese mismo día, así cuadramos para llevarlo donde un amigo que seguro me lo repararía y yo con las cedulas en mi bolsillo los seguí hasta el taller donde me presentaron a Ernesto el dueño del taller un tipo joven con las manos todas llenas de grasa y que metido en las entrañas de un pequeño carro nos saludo e indico que esperáramos mientras el terminaba lo que hacia.
Cuando por fin pudo atendernos y ya planteado los detalles de la reparación los jóvenes se despidieron y yo me quede con Ernesto quien de inmediato procedió a reparar la puerta de mi carrito, así entre conversa y conversa pasamos el resto del día refrescándonos con unas cervecitas de cuando en cuando y entablando desde ese día una muy buena amistad que perduraría por años, yo cada vez que pasaba por Barquisimeto lo visitaba y además de descansar un rato me distraía con los cuentos y anécdotas que el Ernesto me contaba con esa chispa tan cómica de los nativos de esas tierras larenses, fue en esas visitas en la que empezó el Ernesto a fabricar sus helicópteros bueno entre otras vainas que construía, poco a poco le agregaba las partes y piezas que amigos y allegados le encontraban desde todas partes del país, un día me comento que una universidad de la zona se había enterado de sus proyectos y le había ofrecido financiar sino todo, parte de los mismo, eso fue lo ultimo que supe de el y sus helicópteros ya que deje el trabajo de viajero y deje de frecuentar la zona pero siempre me quedo la duda de que abría pasado con esos proyectos locos de mi amigo, años después estando de trabajo con unos laboratorios médicos en Barquisimeto se me accidento el carro y me toco buscar una grúa cuando el gruero me pregunto que adonde me llevaba yo recordé a mi buen amigo Ernesto y de una salimos para su taller con la sorpresa que aun existía y en el mismo estaba el Ernesto metido como siempre lo recordaba en un motor con su inseparable hermano y ayudante, mas viejo y canoso pero era el mismo que conocí aquella mañana con esa sonrisa amiga y bonachona alargando su mano me saludo como si el tiempo no hubiese pasado, en ese momento se nos vinieron a la mente esos años ya tan lejanos en los que cultivamos tan bonita amistad, allá al fondo divise los restos retorcidos de los prototipos de los helicópteros y preguntándole que habia pasado con ellos me conto con nostalgia toda la tragedia en la que resulto ese sueño de construir con sus manos esas maquinas voladoras.
Como les conté al principio cuando el helicóptero empezó a tomar altura el mismo se descontrolaría al punto que Ernesto no pudo evitar que se estrellara estrepitosamente contra la tierra con la mala suerte que caería precisamente sobre su hermano, saliendo este muy mal herido, Ernesto aunque saldría aporreado como pudo traslado a su hermano hasta un centro hospitalario donde atenderían y salvarían a su hermano curándolo de las múltiples heridas sufridas, costillas y huesos rotos, pasaría algunas semanas ingresado hasta recuperarse totalmente de las mismas, este percance obligo a Ernesto a dejar de lado este sueño que por años llenaría de desvelos sus noches, pero lo que no cambiaria en Ernesto seria su forma de ver el mundo como un soñador con la cabeza llena de planes y proyectos que algún día realizaría.
Allá quedo luego de ayudarme con mi carro metido en sus motores tal vez pensando en su próximo proyecto.
OSMAN ARANGUIBEL
2010.
Unos 20 años atrás un día sábado en la mañana me pare tempranito y emprendí el regreso a casa luego de una semana de arduas gestiones de cobranzas para la empresa en que trabajaba en la zona de occidente, recorrí la Lara Zulia con un clima precioso, el sol resplandecía de frescura y la brisa era refrescante cosa rara en esa carretera pero es que en la noche cayo una llovizna que le imprimió a la naturaleza ese clima tan agradable, todo anunciaba un viaje tranquilo y rápido a casa, a golpe de diez de la mañana entre a Barquisimeto y aunque no acostumbraba a parar en la ciudad, ese día decidí hacerlo para recargar gasolina y comerme una cachapita con queso y así mitigar los calambres del estomago que me anunciaban la hora del desayuno, mientras me colocaban la gasolina y desde el local donde me encontraba comiendo vi como el carro se movía al ser chocado por una camioneta con dos motos de las que se usan para motocrós y con dos jóvenes que al darse cuenta del choque salieron pirados dejando el polvero yo desde el punto en el que me encontraba no veía el daño del carro y no fue sino hasta que llegue a su lado que pude ver el golpe, afortunadamente solo fue la puerta del conductor enseguida monte en el carro y emprendí la persecución de los tipos ellos se conocían la zona pero el peso de las motos les impedía hacer maniobras bruscas sin la posibilidad de soltar las mismas ya que me imagino son carísimas, ellos trataron de buscar callejones solitarios y callejuelas aledañas a las vías principales y yo duro con ese carro pegado casi a ellos, pero a la final entraron al trafico donde yo luego de montarme en la acera logre bloquearlos en el semáforo y bajándome me acerque a la ventana del conductor donde logre quitar la llave del encendido de la camioneta acto seguido les pedí la cedula a los dos y para sorpresa mía los tipos me la dieron, ya con las mismas en el bolsillo empezamos a ver como resolvíamos el daño de mi carro, el conductor me dijo que tranquilo que el era el dueño de no se que negocio y que el me mandaría a reparar el carro la semana siguiente a lo que me negué ya que no tenia tiempo para dejarlo ni podía ya que el carro era indispensable en mi trabajo, tendría que ser ese mismo día, así cuadramos para llevarlo donde un amigo que seguro me lo repararía y yo con las cedulas en mi bolsillo los seguí hasta el taller donde me presentaron a Ernesto el dueño del taller un tipo joven con las manos todas llenas de grasa y que metido en las entrañas de un pequeño carro nos saludo e indico que esperáramos mientras el terminaba lo que hacia.
Cuando por fin pudo atendernos y ya planteado los detalles de la reparación los jóvenes se despidieron y yo me quede con Ernesto quien de inmediato procedió a reparar la puerta de mi carrito, así entre conversa y conversa pasamos el resto del día refrescándonos con unas cervecitas de cuando en cuando y entablando desde ese día una muy buena amistad que perduraría por años, yo cada vez que pasaba por Barquisimeto lo visitaba y además de descansar un rato me distraía con los cuentos y anécdotas que el Ernesto me contaba con esa chispa tan cómica de los nativos de esas tierras larenses, fue en esas visitas en la que empezó el Ernesto a fabricar sus helicópteros bueno entre otras vainas que construía, poco a poco le agregaba las partes y piezas que amigos y allegados le encontraban desde todas partes del país, un día me comento que una universidad de la zona se había enterado de sus proyectos y le había ofrecido financiar sino todo, parte de los mismo, eso fue lo ultimo que supe de el y sus helicópteros ya que deje el trabajo de viajero y deje de frecuentar la zona pero siempre me quedo la duda de que abría pasado con esos proyectos locos de mi amigo, años después estando de trabajo con unos laboratorios médicos en Barquisimeto se me accidento el carro y me toco buscar una grúa cuando el gruero me pregunto que adonde me llevaba yo recordé a mi buen amigo Ernesto y de una salimos para su taller con la sorpresa que aun existía y en el mismo estaba el Ernesto metido como siempre lo recordaba en un motor con su inseparable hermano y ayudante, mas viejo y canoso pero era el mismo que conocí aquella mañana con esa sonrisa amiga y bonachona alargando su mano me saludo como si el tiempo no hubiese pasado, en ese momento se nos vinieron a la mente esos años ya tan lejanos en los que cultivamos tan bonita amistad, allá al fondo divise los restos retorcidos de los prototipos de los helicópteros y preguntándole que habia pasado con ellos me conto con nostalgia toda la tragedia en la que resulto ese sueño de construir con sus manos esas maquinas voladoras.
Como les conté al principio cuando el helicóptero empezó a tomar altura el mismo se descontrolaría al punto que Ernesto no pudo evitar que se estrellara estrepitosamente contra la tierra con la mala suerte que caería precisamente sobre su hermano, saliendo este muy mal herido, Ernesto aunque saldría aporreado como pudo traslado a su hermano hasta un centro hospitalario donde atenderían y salvarían a su hermano curándolo de las múltiples heridas sufridas, costillas y huesos rotos, pasaría algunas semanas ingresado hasta recuperarse totalmente de las mismas, este percance obligo a Ernesto a dejar de lado este sueño que por años llenaría de desvelos sus noches, pero lo que no cambiaria en Ernesto seria su forma de ver el mundo como un soñador con la cabeza llena de planes y proyectos que algún día realizaría.
Allá quedo luego de ayudarme con mi carro metido en sus motores tal vez pensando en su próximo proyecto.
OSMAN ARANGUIBEL
2010.


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