No evites los huecos.
A el gusano.Esto empezó una mañana fría y lluviosa con el olor a mar que se siente al vivir tan cerca de la costa que entre el silencio y la soledad le da al aire esa melancolía que tira mas a tristeza que a otra cosa, estábamos recién mudados a puerto viejo un rincón apartado del litoral guaireño por los lados de catia la mar, por recomendación de los médicos que atendían a mi hermano Alberto quien sufría de asma y en vista de sus recurrentes ataques y crisis nos mantenia en vilo a todos, ellos, los medicos, recomendaron a mi papá que todos los días a media mañana enterraramos hasta el cuello a mi hermano en la arena con el fin de ver si disminuían sus ataques, no puedo negar que no funcionara, ya que realmente los ataques por lo menos se distanciaron.Esa mañana ya mis padres se habían ido a sus respectivos trabajos en Caracas y nosotros nos quedamos al cuidado de Yolanda, muchacha morena jacarandosa no mucho mayor que nosotros pero que por su madures podía ya encargarse de nosotros y preparar los alimentos, puesto que como se ve en la foto estábamos realmente chamos, a media mañana llego un carro que nunca aviamos visto ni en television, era un estudevequer o algo así, del mismo se bajo Enrique, hermano menor de mi mamá y quien vivía con nosotros desde hacia muchos años, días antes había tenido un fuerte encontronazo con mi papá y desde entonces no lo habíamos vuelto a ver, ese día llego recogiendo todas sus pertenencias, recuerdo que a falta de maletas, extendío sobre la cama una cobija y en ella fue colocando todas sus vainas, nosotros que practicamente dependiamos de el para sobrevivir puesto que era el que nos socorría en todo, preparandonos los alimentos y corria cuando se presentaba alguna emergencia, desde siempre, estábamos con nuestro silencio y en estado de shok tratando de decirle que no nos dejara, pero ninguno se atrevia, solo el ruido que hacían los checheres al colocarlos en la sabana perturbaban la soledad de esa mañana, se despidió de todos con mucho cariño, y con una sonrisa que nunca ninguno de nosotros olvidaria, se monto en el flamante estudevequer y partió para siempre, nunca mas regreso, nosotros quedamos paralizados por este echo y pasarian muchos años antes de que esa sensación de abandono saliera de nuestros corazones, lo curioso de ese día es que al desaparecer el carro en la esquina que da a la playa para buscar la salida, enfilo por el lado opuesto otro estudevequer del mismo color y modelo que el del taxi en el que Enrique habia desaparecido minutos antes, nosotros perplejos y pensando que Enrique se había arrepentido y regresaba a casa, salimos presurosos a recibirlo y con los brazos abiertos nos aproximamos al vehículo, entre la algarabía que formamos y los llantos de alegría por el retorno del ser querido, entonces surgió del carro un señor ya mayor que impresionado por el recibimiento se bajo a responder por tan fabulosa bienvenida, el acompañado de su señora se quedaron atónitos por la algarabía que estos chamos le prodigaban, y es que no entendian que nosotros solo esperábamos que del carro bajara Enrique, ciertamente nunca bajo pues no era el mismo carro, por el contrario estas bellas personas no eran mas que una pareja que coincidencialmente buscando vivienda llegaron a ver la casa de al lado para alquilarla, años después nos dirían que la casa no les gusto pero que gracias a ese recibimiento decidieron alquilarla, eran el señor Guillermo y la señora Carmen, quienes por su forma de ser y gran calidez humana en parte ocuparon ese vacío dejado por Enrique e hicieron que esos momentos fueran mas llevaderos, días después regresaron con su mudanza y se instalaron ,por su puesto que nosotros ayudamos a bajar todos sus checheres, esa primera noche recuerdo que mi papá no llegaba y mi mamá se adelanto en un taxi hasta la casa para decirnos que se habian quedado sin gasolina muy cerca ,nosotros le pedimos a nuestro nuevo amigo que si podia ayudar a mi papá y el gustosamente fue y lo rescato, por cierto que esa noche trago mucha gasolina ya que no sabia extraerla de su carro y eso nos causo mucha gracia ya que el señor Guillermo tenia una forma muy especial de hacer las cosas que siempre nos mataba de tanta risa, así se conocieron mi papá y el y puedo decirlo con propiedad que hasta el ultimo día de sus vidas siempre se consideraron los mejores amigos, yo que a los 12 años vivia solo pendiente del carro de mi papá lavándolo y puliendolo a cada ratico, esperando a ver si mi papá me permitía manejarlo solo, pero nada, solo me dejaba tomar el volante sobre su hombro, y en contadas ocaciones, fue asi como el señor Guillermo quein tenia por esos tiempos una escuela de manejo un buen dia que si queria acompañarlo al abasto que tenia que hacer unas compras, y yo de una dije que si, cual no seria mi sorpresa que el se sentó del lado del acompañante y me dijo que manejara yo el carro, ese dia que jamás olvidare maneje por primera vez el estudevequer automático ese dia senti lo que significa manejar, mientras recorria una via secundaria por catia la mar llena de huecos y yo nervioso me esforzaba en evitar el señor Guillermo me dijo, no evites los huecos, solo pasalos con cuidado ya que puedes ocasionar un accidente con otro vehículo, eso se quedo grabado en mi mente y hasta el día de hoy lo tengo presente. Fue un año donde compartimos con ellos gratos momentos como el nacimiento de mi hermano menor Fabio, que ocurrio luego de una parranda de tres dias en las que celebramos las fiestas patronales de Pampanito, pueblo de donde mi papá era nativo, bueno ese trajin le causo a mi mamá el adelanto del parto y fue en ese mismo estudevequer donde subimos a Caracas a mi mamá para que diera a luz a mi hermano, o cuando cumpli 12 años y a mi papá y mamá se les olvido, el señor Guillermo salio a una panaderia cercana y compro una torta de chocolate y unos refrescos, la torta por cierto estaba mala y la señora Carmen salvo la vaina diciendo que es que tenia una eesencia especial, incomible la misma, ese diciembre y a pedido de la señora Carmen salimos en la noche a cortar un arbolito ya que en ese tiempo no vendían los del norte como ahora, y el señor Guillermo que no creia en nada de eso, se monto el árbol al hombro e imitando a Jesús con la cruz hizo un chiste, mismo que fue reprendido por la señora Carmen, o como olvidar las largas noches de tangos a todo volumen o a la lánguida Edith Piaf, acompañada de las descargas de plomo, luego la vida fue llevándonos por caminos distintos y aunque no nos veíamos con regularidad siempre mantuvimos el contacto y en cada oportunidad que nos vimos nos demostramos esa gran amistad que nacio ese día, el día que Enrique nos dejo y partió en su estudevequer, para nunca regresar, la ultima vez que vi al señor Guillermo unos treita años después mi papá acababa de morir y el me abrazo y con lagrimas en los ojos me murmuro al oido que esos dias en los que vivimos juntos como vecinos fueron los momentos mas maravillosos y felices de su vida, hace pocos días revisando la prensa vi la invitación a su funeral y no lo niego, derrame unas lagrimas por ese amigo que lleno nuestras vidas de tantas alegrías y momentos maravillosos, en cuanto a Enrique después de muchos años en los que pensamos que ya no formaria parte de este mundo apareció y aunque no regreso a la casa si retomo el lugar que tenia en nosotros el dia que desaparecio como guia y no miento si digo que de el tomamos muchas cosas y vivencias que han sido parte esencial en la formación y desempeño de la vida de cada uno de mis hermanos y en la mía propia.
OSMAN ARANGUIBEL.

3 Comments:
eso ta finol panaderia
Quisera saber el origen de la palabra boroboro.
Saludos
Buenas.
Me gustaria saber si estarias de acuerdo en permitirme publicar tus relatos bajo el sello Editorial Hidalgo Ediciones...
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Harold Hidalgo
Hidalgo Ediciones
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